21.7.09

nos siguen pegando abajo

La idea de filosofía es una mentira.
Hacemos filosofía cuando rompemos, cuando quebrantamos. Una filosofía nunca perdura. Nunca pregona en función de lo ya establecido. Nunca suma en sentido lineal.
Una filosofía rompe, necesita romper, hacer un tajo, cortar el costal, en un punto determinado del pensamiento. Realizar un atentado y un quiebre a la estructura que se venía dando, para renovar y actualizar la línea de visibilidad.
El que suma a una teoría no puede considerarse filósofo. El que adscribe ciegamente a una determinada forma de explicar al mundo, por cierto será más feliz, pero nunca filosofo. El filosofo resigna su satisfacción personal en función de la duda, y la especulación, otra satisfacción personal. Es decir, este sujeto es un completo inconformista, su única conformidad es la no complacencia (por no decir conformidad). El filósofo nunca puede sentirse lleno, o completo.
La completud es el gesto antifilosófico por excelencia, es un acto de reverencia al estancamiento. El filósofo encuentra en la escritura una forma de transmitirles a unos que no están preparados para que le transmitan. El filósofo es el que sostiene convicciones intermitentemente, para cambiarlas por otras. El final no es posible para el filósofo, ya que su mundo nunca es acabado. Lo acabado es muerte, quietud, inmovilidad. La filosofía es movilidad, constante, como todo lo humano, y lo cíclico. El pensamiento gira sobre diferentes órbitas, las cuales a su vez, en lo azaroso, se convierten en un continuo des-decirse.

La vida es movilidad, ya sea en sentido físico, como en el representacional. En los difíciles (y quizá inhumanos) casos en que se da en ambos sentidos, se tratará de un personaje con un gran valor social, y un sentimiento altruista tremendo. Son sólo los filósofos. Sólo los que tienen desengaños epistemológicos, los que tienen errados a priori, los desengañados, los que pueden creer en otra cosa.