Estoy fastidiado. Ya son las seis y media, y Lucy no ha llegado. Yo continuo sentado, fumando un cigarrillo, mirando los rostros inexpresivos de la gente, en un banco de la plaza convenida, hacen ya cuarenta minutos de la hora acordada. En otro banco una vieja duerme la siesta, sus manos cubiertas de arrugas posan en la rodilla izquierda, una sobre otra, como protegiéndose de un posible peligro. Una mujer de unos treinta y cinco años discute con un hombre de la misma edad en medio de la vereda, parecen estar más tristes que enojados. Ella con una gabardina púrpura y los ojos húmedos, él con un saco marrón y un puño cerrado. Él la toma de a ratos del hombro. Se miran fijamente a los ojos. Ella se refriega la cara por momentos, como si se la lavara en el aire. No gritan. Mueven las manos en círculos y sus expresiones faciales son conmovedoras, siempre tristes. No llego a escuchar lo que dicen. Se van en direcciones opuestas. Ella lo debe haber engañado, seguramente. Pocos autos a pesar de ser martes. Lucy no llega. Mi garganta está seca, necesito un café.
Comienza a refrescar y la puta madre!, porqué no me traje un abrigo. Lo que me faltaba, plantado y cagado de frío.
Al salir, siempre tardo un promedio de cinco a diez minutos decidiendo si llevar un abrigo o no, y en caso de llevarlo, cuál sería el más apropiado. Salgo a la puerta de calle, doy un par de pasos, y trato de pronosticar la temperatura para las próximas cuatro horas. Entro de nuevo, y en caso de duda, a veces vuelvo a salir para estar completamente seguro. Este método lo había adoptado hacía un tiempo y con buenos resultados. Pero hoy me equivoqué...a la mierda!
Recuerdo a Roberto, un viejo compañero de estudios, me había inspirado en la idea de las cuatro horas. Roberto era un tipo inteligente, algo burdo. Siempre llevaba la misma ropa negra, espantosamente grande para su complexión, seguramente sus padres, unos burgueses tacaños y conservadores venidos a menos, se la habían comprado para que le dure toda la vida, como previendo la predisposición a engordar que tenía su hijo, herencia que venía ya de los tatarabuelos andaluces, éste atuendo tenía el aspecto de nunca haber sido lavado, usualmente estaba cubierto de la caspa que constantemente caía del enmarañado cabello, esto hacía que el blanco de la caspa contrastara con el negro de su ropa. Usualmente Roberto me decía que la mejor forma de planificar la vida de uno, era de a cuatro horas. Esta frase que al principio tomé como una de las estupideces típicas en él, luego me pareció, aunque alocada, muy sensata.
-De esta forma, los problemas (sobre todo amorosos) de la gente diminuirían en gran medida- decía con una expresión desagradablemente soberbia
-Eso me parece algo ingenuo, Robin- así le llamaba.
-Sería mucho más fácil todo, no te das cuenta? A mi, por ejemplo, si me preguntan qué vas a hacer mañana, yo les respondo “no tengo ni idea, mi proyección es de aquí a cuatro horas en el futuro, preguntame mañana cuatro horas antes y te digo”...
-Cuatro horas antes de qué?
-No sé Luis, no sé, de lo que sea.
- ...
- No te dejarían plantado, por ejemplo, porque no habrían citas que se planificaran más de cuatro horas antes del encuentro, entendés? Las minas no tendrían excusa.
Probablemente Lucy tendría millones de excusas. El frío me empieza a molestar en los pies. Transpiran. Continuar la espera, a estas alturas, significa rebajarse a la categoría de “masoca” o “arrastrado del mes”. Y la cosa es que ni siquiera estaba enamorado de Lucy, incluso apenas me gustaba, y en lo que era respeto intelectual...bueno, no se puede decir que yo sintiera eso por ella. Era más bien como una buena compañía temporal. Compartíamos soledades, y yo disfrutaba con verla sentada al lado mío, sin hablar, simplemente dejando pasar el tiempo
-hola, me demoré un poco, no?. Estás hace mucho acá?
-no, llegué un rato antes que vos. Todo bien.
-unos asuntos ahí.... Tenes frío? Estas temblando...
-no, para nada, estoy bien. Puedo saber porqué demoraste tanto?
-no
-...
-el otro día escuchando una canción me acordé de vos...
-prefiero no saber...
(era una relación --si se puede llamar así-- sostenida por la convicción de que podría soportar todos sus caprichos y maltratos a cambio de pasar un momento con ella. Momento que solía ser inmensamente gratificante, y por eso, valía el sufrimiento previo)
-por qué no?
-por nada. Vamos a comprar un vino?
-está bien, pero que sea tinto.
Probablemente Lucy me dejaría, yo sufriría la falta por algunas semanas, sin la convicción de que ese sufrimiento realmente valga la pena y finalmente la olvidaría, como a esos raros artículos culturales que alguna ves sorprendieron y luego fueron olvidados. En unos años ni siquiera la reconocería por la calle. La miraría por la acera de enfrente como quien observa a alguien que no conoce, (y que por eso mismo representa algo intrigante , novedoso, incluso misterioso), sus cabellos castaño claros me parecerían coquetos, su nariz algo grande y su estatura “adecuada”, luego mi mirada se perdería en otro suceso sin más rodeos...
-tenes cigarrillos?
-no, compramos una caja de 10 a medias?
-que sea de veinte, ando con plata.
6.2.08
20.12.07
Encuentros dos
A juan le preocupaba que su pene no fuera admirado lo suficientemente por la gente, se cuestionaba todo el tiempo si su tamaño sería el apropiado, si realmente era pequeño, o si en cambio, el adjetivo “pequeño” que utilizaban para referirse a él –era parte de él-, era totalmente arbitrario. Soñaba con ir a un país extraño, en donde los tamaños estándares, hicieran que el suyo fuera considerado grande, o muy grande, o quizás extremadamente grande. Pero enseguida pensó que ya no sería agradable ser considerado extremadamente grande, ya que la palabra “extremadamente” tenía para juan un carácter negativo, descalificador en cierto sentido. A Juan lo que más lo acongojaba era justamente el sentido de las palabras, su carga simbólica, su peso. A juan, como a la mayoría de la gente la palabra “extremadamente” le sonaba incómoda, o más bien insegura, desequilibrante. Representaba todo lo aborrecible que se puede pensar, por el hecho que lo situaba en una situación que no conocía de antemano, algo demasiado nuevo, representaba para él correr un riesgo demasiado grande, una discrepancia con una lógica de corrección, de eficiencia y funcionalidad que no podía ignorar y menos desobedecer.
En cambio lo que veía de insegura Juan en esta palabra, para Pedro, un amigo suyo lo veía de fascinante, de vivo, de pasional. Pedro creía que justamente en lo extremo residía lo creador, lo luminoso, de la destrucción crece la huella inspiradora, de la explosión nace una poesía, de la bomba nace una canción, del atentado al óvulo nace un niño. Lo extremo signaba el mundo por donde moverse, los límites, pero justamente esos límites eran los que inventaban y reinventaban el mundo, una y otra ves. Del atentado a una frecuencia de sonido nace una nota de violín, allegro appassionato en SI#bmol.
“La belleza está en la destrucción y sus efectos, no existe belleza alguna sin destrucción” dijo fervorosamente Pedro a su consternado amigo, que a su ves pedía terminar la discusión para no arruinar la amistad, ni ensuciar sus castos pensamientos. Pedro, que se divertía mucho disertando con su amigo, terminó por acceder a su petición, y se dispusieron a tomar café bien cargado como les gustaba, y fumar tabaco negro, comentando noticia recientes sobre geoplítica internacional, o criticando a la gente, por el simple gusto de hacerlo.
Juan creía firmemente en las instituciones en el sentido de hombres organizados masivamente con ciertos fines, y su rol de regulador social y administrador de libertades. Pedro creía más en el hombre como individualidad creativa que podía formar parte de una asociación con fines comunes. Pensaba en el hombre como fuente constante de cambio y sus potencialidades, sus explosiones intermitentes debían tender a un cambio emancipador en su más amplio sentido. Juan acusaba a Pedro de idealista sin causa, de “rebelde de galería” como le gustaba llamarlo y lo incriminaba de perderse en abstracciones que no valían la pena y que desgastaban al santo botón. Pedro, en cambio, acusaba a su amigo de conformista, mesurado por demás y demasiado estricto en sus aseveraciones.
En cambio lo que veía de insegura Juan en esta palabra, para Pedro, un amigo suyo lo veía de fascinante, de vivo, de pasional. Pedro creía que justamente en lo extremo residía lo creador, lo luminoso, de la destrucción crece la huella inspiradora, de la explosión nace una poesía, de la bomba nace una canción, del atentado al óvulo nace un niño. Lo extremo signaba el mundo por donde moverse, los límites, pero justamente esos límites eran los que inventaban y reinventaban el mundo, una y otra ves. Del atentado a una frecuencia de sonido nace una nota de violín, allegro appassionato en SI#bmol.
“La belleza está en la destrucción y sus efectos, no existe belleza alguna sin destrucción” dijo fervorosamente Pedro a su consternado amigo, que a su ves pedía terminar la discusión para no arruinar la amistad, ni ensuciar sus castos pensamientos. Pedro, que se divertía mucho disertando con su amigo, terminó por acceder a su petición, y se dispusieron a tomar café bien cargado como les gustaba, y fumar tabaco negro, comentando noticia recientes sobre geoplítica internacional, o criticando a la gente, por el simple gusto de hacerlo.
Juan creía firmemente en las instituciones en el sentido de hombres organizados masivamente con ciertos fines, y su rol de regulador social y administrador de libertades. Pedro creía más en el hombre como individualidad creativa que podía formar parte de una asociación con fines comunes. Pensaba en el hombre como fuente constante de cambio y sus potencialidades, sus explosiones intermitentes debían tender a un cambio emancipador en su más amplio sentido. Juan acusaba a Pedro de idealista sin causa, de “rebelde de galería” como le gustaba llamarlo y lo incriminaba de perderse en abstracciones que no valían la pena y que desgastaban al santo botón. Pedro, en cambio, acusaba a su amigo de conformista, mesurado por demás y demasiado estricto en sus aseveraciones.
De cualquier forma, los dos se querían, compartían gustosos vinos y veladas cinematográficas y charlando de amoríos inconclusos, o nunca emprendidos. La cara de uno se reflejaba con regocijo en la del otro. Encendían algunos cigarrillos de cuando en cuando...
13.12.07
catarsiscontinuación
Tener siempre que evadir la ausencia, la supervivencia maldita. La hostilidad que no me deja en paz, mi hostilidad, mi decencia, mi prudencia. Como cuando algo se pierde, siempre, como una canción de amor que nunca fue pronunciada.
Mi serenidad se dispersa en un mar de incertidumbres ineludibles. Mi cuerpo lo acompaña. La sensación de vacío se hace insoportable, casi desesperante. No quiero terminar en donde siempre. Tan solo pasar con algo de peso, huir de lo liviano por un tiempo. Recostarme sobre el suave césped de la despreocupación, de la seguridad ingenua. Quiero llorar hasta que las lágrimas imploren piedad. Quiero escribir una hoja en tu memoria, pero que sea la hoja más hermosa que nadie escribió nunca, que sea un hoja viva, siniestra, emotiva, mentirosa, la más sincera del mundo, la más nostálgica, la más musical, desordenada, cálida.Mis necesidades no se acaban con el mundo, ni con la vida, ellas van allá donde no existe la razón razonada, donde las estrellas son dinamitadas en medio de la noche por algún terrorista sideral, por algún nihilista de los ideales. La reputa madre que los parió a todos los guardianes del orden de las ideas. No se puede resguardar una idea, no se la puede tomar y proteger como a una pertenencia, la idea es libre por sobre todo, por sobre todos. No se la puede utilizar para fines terrenales, pues nunca fue terrenal, no se puede pretender materializar una idea, por más que no hagamos otra cosa, no es aprensible. Mi mente no soporta vacíos, por esto es que la lleno de texto, de discurso, de razón, de espectativas, de mierda. La misma mierda de todos pero en diferente combinación...continuará
Mi serenidad se dispersa en un mar de incertidumbres ineludibles. Mi cuerpo lo acompaña. La sensación de vacío se hace insoportable, casi desesperante. No quiero terminar en donde siempre. Tan solo pasar con algo de peso, huir de lo liviano por un tiempo. Recostarme sobre el suave césped de la despreocupación, de la seguridad ingenua. Quiero llorar hasta que las lágrimas imploren piedad. Quiero escribir una hoja en tu memoria, pero que sea la hoja más hermosa que nadie escribió nunca, que sea un hoja viva, siniestra, emotiva, mentirosa, la más sincera del mundo, la más nostálgica, la más musical, desordenada, cálida.Mis necesidades no se acaban con el mundo, ni con la vida, ellas van allá donde no existe la razón razonada, donde las estrellas son dinamitadas en medio de la noche por algún terrorista sideral, por algún nihilista de los ideales. La reputa madre que los parió a todos los guardianes del orden de las ideas. No se puede resguardar una idea, no se la puede tomar y proteger como a una pertenencia, la idea es libre por sobre todo, por sobre todos. No se la puede utilizar para fines terrenales, pues nunca fue terrenal, no se puede pretender materializar una idea, por más que no hagamos otra cosa, no es aprensible. Mi mente no soporta vacíos, por esto es que la lleno de texto, de discurso, de razón, de espectativas, de mierda. La misma mierda de todos pero en diferente combinación...continuará
23.10.07
Melina (encuentro uno)
Quizás nunca más vería a esa muchacha. Pero lo cierto es que quedó totalmente cegado por su belleza. Él la quiso embaucar sacándole temas que, por más que los comentara con total atinación y acierto, sabía que en otro rincón de su ser-uno muy típico en él- estaba seduciendo, y sabía también que ella lo sabía, o lo estaba sintiendo. Se formaba en ese instante una suerte de acuerdo mutuo, de complicidad implícita con el simple fin de continuar la conversación, ese tímido intercambio de miradas fugaces, que para cualquier otra persona, hubieran sido miradas estrictamente funcionales a las normas de vínculo. Conversación que a esa altura sólo funcionaba como conductor de sentimientos y sensaciones placenteras, que representaba tan sólo una escueta excusa para estar compartiendo ese momento tan especial y único, tan irrepetible y azaroso, como corriente y masificado, vacío y superfluo. Una masa indiscriminada de gente los envolvía y los hacía más extraños de lo que ya eran, los hundía más en el anonimato. No eran nadie. No existían salvo para ellos mismos.
Todo transcurría como una conversación típica entre extraños que se encuentran en ese tipo de situaciones, pero con algo de intimidad expuesta, con algo de complicidad que no se atrevía a ser confianza. Ella se llamaba Melina, y él se perdió en sus ojos. No entendía del todo aún, la razón (razón explícita, porque su interés por ella se basaba en la atracción) por la que se puso a hablar con ella, en aquel lugar tan impersonal, y no estaba en un bar tomando un cálido café. Se preguntaba cuál habría sido el motor de la conversación, cuál fue el asunto que los unió inesperadamente, y que ahora presentaba un mundo de espectativas.
Todo iba directamente hacia una especie de desenlace enceguecedor (él lo presentía así, era un extraño pero excitante augurio), las miradas ya no soportaban tanta presión sobre sus pupilas, el mágico evento estaba por acontecer en medio de la calle, y entre ellos dos, como un mar de pirotecnia apunto de estallar en el cielo.
Y ella rompió ese silencio sutil:
Y ella rompió ese silencio sutil:
-Bueno, gracias por decirme la hora, me viene el ómnibus, chau.
Él entendió que era su momento estelar. Había llegado la hora de afrontar su destino, y así lo hizo:
-Espera, te amo, no te querés casar conmigo?
- Qué te pensas enfermito, que por pedirte la hora me enamoré de vos? desubicado!
De repente su mirada angelical ya no se posaba en él. Se había subido al ómnibus y se había ido. Él no comprendió porqué ella había negado todo aquello, todo lo mágico que había sucedido entre ellos.
Se sentó en un banco de la plaza, con la mirada más desolada de su vida, cabizbajo. De repente se le acerca una chica y le dice:
-Disculpá, tenés fuego?
Reflexión: Y cómo no hacerse un mundo de la nada, cómo no inventar el paraíso a partir de un ángel, o lo que en ese momento tenía que ser un ángel.
Se sentó en un banco de la plaza, con la mirada más desolada de su vida, cabizbajo. De repente se le acerca una chica y le dice:
-Disculpá, tenés fuego?
Reflexión: Y cómo no hacerse un mundo de la nada, cómo no inventar el paraíso a partir de un ángel, o lo que en ese momento tenía que ser un ángel.
26.9.07
fusiòn dada
La sensaciòn de falta, de vacìo. Me siento atraìdo hacia lo ningino, lo desprovisto de certeza. Me sumergo. La expectativa de no saber que esperar, ese hambre de lo inacabado. Lo que no alcanza para llenar el vaso, y tiene que ver con todas las tardes del mundo. Esa mitad del vaso que se me escapa, que a veces no existe. Y lo que desepera es esa enferma necesidad, que supera la voluntad, la corrompe por todos los flancos. Me atiza en la cara. En el ojo mas precisamente y me corrompe.
13.9.07
verborragicas espontaneidades
Perdidos. perdidos en la nada. mirando el suelo. tomando un trago. Un trago claroscuro.
Todo se vuelve claro, se ilumina de estrès postnatal. los niños del mundo exigimos beber del nèctar de la realidad, del sueño profundamente lìquido, de la savia de los callejones sucios. Los niños pedimos que se nos tome en cuenta para participar de las guerras, de los genocidios y de las violaciones. Tambièn es cosa nuestra, no sòlo de adultos. Tenemos algunos compañeros precursores en el tema, y queremos seguir su ejemplo. Los niños somos el mañana perdido en el presente, por eso preferimos ser ranas.
Para una rana es màs fàcil croar en el estanque. en el estanque todos croan. pero en la ciudad no se escucha, la rana muere de la depresiòn, o simplemente se adapta al ruido incesante de los automòviles rodando por todas partes, de los teclados exitados de todos los ciber del mundo.
Perdidos sin remedio a cambiar, sin la concesión de la meditaciòn por un instante. La instantaneidad lo suplica, lo exige, lo grita y te escupe: ANDÀ! COGÈ! MATATE! SONREÌ!
Mientras los abuelos mueren de tristeza y los bisabuelos brillan en sus tumbas, se ríen a carcajadas porque están muertos. No sienten el asco del universo.
Los tiempos corren sorprendidos detrás de la gente. Se desesperan por no perderlos de vista, van desesperados esperando que alguien los vea y se compadezca de ellos, y le de una moneda o un bizcocho mordido, muchos de ellos van por dieciocho de julio empapados del humo que despiden los ómnibus, y se vuelven grises o negros claros. A la noche descansan en puertas de iglesias o de redpagos, pero siempre alertas a que no los roben. "...está peligroso, viste..." dice uno que paraba en la puerta de un macdonald, y se rascaba el vientre, a modo de placebo alimenticio.
La vida me engaña como a un niño idiota, me acaricia con un cuchillo de carnicero. Me lo hunde lentamente en el cerebro y me lo saca.
Me siento bien.
Me lo vuelve a hundir.
Todo se vuelve claro, se ilumina de estrès postnatal. los niños del mundo exigimos beber del nèctar de la realidad, del sueño profundamente lìquido, de la savia de los callejones sucios. Los niños pedimos que se nos tome en cuenta para participar de las guerras, de los genocidios y de las violaciones. Tambièn es cosa nuestra, no sòlo de adultos. Tenemos algunos compañeros precursores en el tema, y queremos seguir su ejemplo. Los niños somos el mañana perdido en el presente, por eso preferimos ser ranas.
Para una rana es màs fàcil croar en el estanque. en el estanque todos croan. pero en la ciudad no se escucha, la rana muere de la depresiòn, o simplemente se adapta al ruido incesante de los automòviles rodando por todas partes, de los teclados exitados de todos los ciber del mundo.
Perdidos sin remedio a cambiar, sin la concesión de la meditaciòn por un instante. La instantaneidad lo suplica, lo exige, lo grita y te escupe: ANDÀ! COGÈ! MATATE! SONREÌ!
Mientras los abuelos mueren de tristeza y los bisabuelos brillan en sus tumbas, se ríen a carcajadas porque están muertos. No sienten el asco del universo.
Los tiempos corren sorprendidos detrás de la gente. Se desesperan por no perderlos de vista, van desesperados esperando que alguien los vea y se compadezca de ellos, y le de una moneda o un bizcocho mordido, muchos de ellos van por dieciocho de julio empapados del humo que despiden los ómnibus, y se vuelven grises o negros claros. A la noche descansan en puertas de iglesias o de redpagos, pero siempre alertas a que no los roben. "...está peligroso, viste..." dice uno que paraba en la puerta de un macdonald, y se rascaba el vientre, a modo de placebo alimenticio.
La vida me engaña como a un niño idiota, me acaricia con un cuchillo de carnicero. Me lo hunde lentamente en el cerebro y me lo saca.
Me siento bien.
Me lo vuelve a hundir.
15.8.07
De 9.08 a 9.09 (lo que pasa)

Ella corria
Yo caminaba
La niebla alborotada
La noche amenazante
Las viejas asustaban
Los planchas descansaban
Mi ojo se mojaba
Se escondía
Mi paso aceleraba
Mi espalda se quemaba
Las piernas se rompían
Ella se acercaba
Un auto se estrellaba
Dos perros se cojían
Las calles espejaban
Los focos reflejaban
Su reflejo
Tinelli emburdecía
Las rubias desnudaban
Un tipo se pajeaba
Los pichis se tapaban
Dos tipos se besaban
Dos tipos los miraban
Otro dos se suicidaban
Los muros vomitaban
Salivas de palabras
Los mensajes enviaban
Idioteces se acotaban
El vecino molestaba
Mi garganta se secaba
Un boludo resbalaba
Las miserias se amontonaban cómodamente
No había espacio para la mente
Los pobres se apilaban
Los ricos engordaban
Un día sin sorpresas
Yo caminaba
La niebla alborotada
La noche amenazante
Las viejas asustaban
Los planchas descansaban
Mi ojo se mojaba
Se escondía
Mi paso aceleraba
Mi espalda se quemaba
Las piernas se rompían
Ella se acercaba
Un auto se estrellaba
Dos perros se cojían
Las calles espejaban
Los focos reflejaban
Su reflejo
Tinelli emburdecía
Las rubias desnudaban
Un tipo se pajeaba
Los pichis se tapaban
Dos tipos se besaban
Dos tipos los miraban
Otro dos se suicidaban
Los muros vomitaban
Salivas de palabras
Los mensajes enviaban
Idioteces se acotaban
El vecino molestaba
Mi garganta se secaba
Un boludo resbalaba
Las miserias se amontonaban cómodamente
No había espacio para la mente
Los pobres se apilaban
Los ricos engordaban
Un día sin sorpresas
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