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28.4.10

caminar

Tu cara se refleja en el sol. Y sé que sos falsa. Las emociones recorren las venas teñidas de alcohol. El amanecer está próximo. No tan próximo como tu muerte. Como la mía. Y creer que vos eras la luz, el faro. Ahora no sos más que sombras. Que penumbras vacías de deseo, de vida.


Ella me hace respirar y carraspea. Es la mugre en la garganta. Acumulada durante meses, años. Años de no decir nada. De fingir estar bien. Ahora todo es claro, pero la verdad ya no alcanza.


Proba herirme. Dale. A ver si podes. Á que te caes en el primer golpe. Eh?. Dale, que la primavera no está ni cerca de tus ojos. De tu lengua.


Ella dice que las cosas nunca fueron como yo las pensé. Como las ví. Las palabras me confunden. Las palabras siempre confunden. El último libro que no pude terminar de leer estaba todavía en la mesa de luz.


Tu vida no es más que una canción triste. En tu cama sólo frazadas apolilladas. Sólo una triste sensación de haber dejado otro domingo atrás. Luego de resacas sucesivas, seguís intentando. Esperando esa nueva resaca que te calme el dolor. No entendés que la resaca sólo se calma con alcohol.


La distancia nunca era demasiada. Siempre podía hacerme sentir bien a su modo. Pensando en volver al lugar de los hechos felices. Al lugar de las emociones de humo. De los besos alcohólicos.


Y el vino puede detenerte por un momento. Y las drogas te hacen sentir más auténtica. Pero estas esperando que venga tu príncipe azul de turno, y echarte en sus brazos, aunque la vida se trate de otras cosas


Y ella a veces se va a cantar cumpleaños, y con hombres que no la conocen.

14.7.08

la letra

La letra n se ve conmovida por la pena de los astutos vanidosos.

Los escritores engañosos e incomprendidos

La mala letra me sustrae a mi cara sucia, pegoteada de helado palito.

La letra sucia se embelesa al oír murmurar a los hostiles de pacotilla.

La letra sangra cuando escucha los gritos desesperados e insidiosos,
Invasivos.

Las letras persiguen predicados sin sujeto y verbos mal conjugados.

Las letras pelean y tocan las calles mojadas buscando silabadas

Las letras se tocan ansiosas y esperan desconfiadas el momento
Culmine.

Culminan las letras sus posibles ensayos vertidos en A cuatros

Y sus currículums de todo el mundo.

10.6.08

Extrañas sonrisas


Cuando se entero que su sonrisa era más larga que la del resto de los niños, Antonin se asustó mucho. Pensó que en la escuela, sus compañeros se burlarían de él, que lo tomarían de la boca e intentarían estirársela hasta que le entrara un kilo entero de pomelos, quizás dos.

Enseguida se planteó no regresar más a la escuela, y quedarse simplemente en su casa, o caminando por ahí, si, eso sería mejor, para que sus padres no se percataran de que ya no iba a la escuela, para que siguieran pensando que tenían un hijo normal, como todos, con una sonrisa normal como la de todos.

El día en que Antonin se enteró de que su sonrisa no era la misma, fue una mañana de invierno en el norte de Francia, en una pequeña casa de la rue Lautremont, cerca de la plaza de Mountparnese, sobre la avenida Fontaine.

Antonin había cumplido los diez años dos semanas atrás, y era un pequeño muy travieso. Siempre salían con su amigo Pierre, por los frondosos bosques de la Saint-Cécile Rivere, a dos kilómetros del famoso Boudeville a cazar lagartijas y ratas de campo con sus improvisadas ondas y chacarrillos. Aparte de fumar cigarrillos.

Un día muy soleado, en medio de aquellas andanzas, Antonin vio entre los árboles una extraña figura, que luego se descubrió. Era un hombre más bien delgado, de mediana estatura, y con unas grandes ojeras, que parecían pintadas. Antonin quedó mudo junto a su amigo, totalmente inmóvil, casi sin respirar. Lo que había sorprendido a sobremanera al chico, no era encontrarse con un extraño en el bosque, cosa que ya le había pasado en ocasiones anteriores, sino la particular indumentaria de éste último.

El hombre llevaba una caja de madera sobre su cabeza que simulaba ser una casa. Se quedó parado mirando un punto perdido. Tenía un gesto inexpresivo y las manos sobre las piernas, en una postura erguida. Seguidamente quitó la caja de su cabeza y la apoyó sobre el suelo. Se agacha. Abre el pequeño techo dos aguas, y vomita dentro del. Saca del bolsillo izquierdo de su saco un pañuelo beige y se limpia la boca. Guarda el pañuelo, ahora en el bolsillo derecho, y cierra el pequeño techo. Toma la caja con las manos. Se incorpora. Coloca la caja sobre su cabeza nuevamente.

-Tu boca, “clavijo”, es la de un lagartijo con la boca hecha costal. Te prometo que no vas a tolerar la risa de los débiles, ya que la tuya, va a ser la mayor que se halla visto. Y te atormentarán sin remedio, sin muecas de vencido. Frustrados en su misión se replegarán para adorarte y darte la llave de sus mentes, en ese momento vas a ser el dios de los malditos, el desarreglo divino que creará sin limitación, serás la vida hecha lamento, con tu risa sucia, tu pueril omnipotencia. Serás. Tu prosa asustará casi tanto como tu risa, y cual espada desenvainada, ahuyentará a los más lúcidos de pacotilla.

-Pudrite viejo-dijo Antonin, luego de escupir la pálida cara de su interlocutor. Luego se aleja corriendo entre los árboles, dejando a su pequeño amigo a la suerte del famoso loco depravado de Saint-Cécile.

Los periódicos de la época se encargaron del sensacionalismo, mientras Antonin del arte de lo ocurrido.